Esta semana de libros (llega Andrés Neuman a presentar su novela ganadora del Alfaguara y el miércoles ve la luz un libro de ensayos en el que participo, y de seguro que el mío debe ser el peor), comienza con las palabras de César Aira, esta vez en una buena entrevista que le hiciera Fabián Darío Mosquera para El Telégrafo.
Y es justamente una declaración sobre Borges que me encanta, más que nada por la ausencia de una figura así entre los que escribimos en Ecuador, lo que significa la inexistencia de un punto alto, referencial y gigante: "Muchas veces me preguntan si Borges no es una figura abrumadora para los escritores argentinos, y me parece que no. Pienso que hay que entenderlo como un influjo estimulante, inspirador. Su gran utilidad para la literatura argentina es haber marcado una línea: después de Borges ya no se puede ser demasiado tonto, porque entonces uno siente la risa irónica de él, que se burló tanto de la tontería, de la solemnidad, del patetismo y el sentimentalismo. Marcó una línea a partir de la cual el que lo interprete como autor, lo ame, debe tomar conciencia de que no puede bajar de cierto nivel. Por supuesto que es un orgullo tener un escritor así de grande… ".
Sobre las influencias: "Todo sirve. Yo nunca he sufrido aquello de la angustia de las influencias. No porque me haya resistido a alguna, sino al contrario: las acepté todas. Y las sigo aceptando. Si leo algo de lo que me enamoro, lo imito sin problema, porque sé que la semana siguiente voy a estar enfatuado con otra cosa… Creo que esa angustia la siente el escritor que se fascina con un autor de cuya obra y estilo no puede salir. Y no poder salir de una influencia debe parecerse mucho a una posesión diabólica; en cambio entrar y salir de mil influencias resulta, más bien, enriquecedor".
Y esta que es interesante, sobre lo que es la literatura actual (y debo decir que tiene que ver con ñel también): "El asunto es que yo no veo la historia de la literatura en términos de generaciones, de grupos, en fin, de colectivos de ningún tipo… Me parece que sigue siendo algo demasiado individual; y un escritor realmente bueno es rarísimo, aparece una vez cada cincuenta años. Así que hablar de nuevas generaciones de escritores cada década, post-boom, pre-aquello, me parece que es, más bien, parte del negocio editorial. No hay que prestarle tanta atención a todo eso, un lector verdaderamente exigente tiene a su disposición la biblioteca de todo lo que se ha escrito, desde Homero hasta acá. No hay necesidad de una nueva corriente por semana, y hoy lo que hay es una obsesión por publicar y por la novedad: cuando yo quería editar mi primer libro, en Argentina había tres editoriales grandes y cinco chicas. Hoy hay quinientas. Además, hoy es más fácil escribir: se puede hacerlo sin ortografía, sin puntuación; se pueden poner, una tras otra, frases inconexas durante cien páginas y luego llamarlo novela experimental. Está casi todo permitido. Es fácil escribir, es fácil publicar, es fácil entrar en una especie de comedia política y de vanidad, que es en lo que se han convertido los ambientes literarios".
Es interesante que exista un autor capaz de lanzar respuestas que te dejen pensando. Lo extraño es que más que sus obras, disfruto de sus intervenciones en la prensa. Para mí eso no tiene explicación... o quizás sí...
Y es justamente una declaración sobre Borges que me encanta, más que nada por la ausencia de una figura así entre los que escribimos en Ecuador, lo que significa la inexistencia de un punto alto, referencial y gigante: "Muchas veces me preguntan si Borges no es una figura abrumadora para los escritores argentinos, y me parece que no. Pienso que hay que entenderlo como un influjo estimulante, inspirador. Su gran utilidad para la literatura argentina es haber marcado una línea: después de Borges ya no se puede ser demasiado tonto, porque entonces uno siente la risa irónica de él, que se burló tanto de la tontería, de la solemnidad, del patetismo y el sentimentalismo. Marcó una línea a partir de la cual el que lo interprete como autor, lo ame, debe tomar conciencia de que no puede bajar de cierto nivel. Por supuesto que es un orgullo tener un escritor así de grande… ".
Sobre las influencias: "Todo sirve. Yo nunca he sufrido aquello de la angustia de las influencias. No porque me haya resistido a alguna, sino al contrario: las acepté todas. Y las sigo aceptando. Si leo algo de lo que me enamoro, lo imito sin problema, porque sé que la semana siguiente voy a estar enfatuado con otra cosa… Creo que esa angustia la siente el escritor que se fascina con un autor de cuya obra y estilo no puede salir. Y no poder salir de una influencia debe parecerse mucho a una posesión diabólica; en cambio entrar y salir de mil influencias resulta, más bien, enriquecedor".
Y esta que es interesante, sobre lo que es la literatura actual (y debo decir que tiene que ver con ñel también): "El asunto es que yo no veo la historia de la literatura en términos de generaciones, de grupos, en fin, de colectivos de ningún tipo… Me parece que sigue siendo algo demasiado individual; y un escritor realmente bueno es rarísimo, aparece una vez cada cincuenta años. Así que hablar de nuevas generaciones de escritores cada década, post-boom, pre-aquello, me parece que es, más bien, parte del negocio editorial. No hay que prestarle tanta atención a todo eso, un lector verdaderamente exigente tiene a su disposición la biblioteca de todo lo que se ha escrito, desde Homero hasta acá. No hay necesidad de una nueva corriente por semana, y hoy lo que hay es una obsesión por publicar y por la novedad: cuando yo quería editar mi primer libro, en Argentina había tres editoriales grandes y cinco chicas. Hoy hay quinientas. Además, hoy es más fácil escribir: se puede hacerlo sin ortografía, sin puntuación; se pueden poner, una tras otra, frases inconexas durante cien páginas y luego llamarlo novela experimental. Está casi todo permitido. Es fácil escribir, es fácil publicar, es fácil entrar en una especie de comedia política y de vanidad, que es en lo que se han convertido los ambientes literarios".
Es interesante que exista un autor capaz de lanzar respuestas que te dejen pensando. Lo extraño es que más que sus obras, disfruto de sus intervenciones en la prensa. Para mí eso no tiene explicación... o quizás sí...

