El periodismo político (suena mejor que el politizado)

Hoy es tiempo de víctimas y de redentores. Periodistas que se sienten perseguidos, periodistas que son agredidos y que no pueden defenderse, periodistas que toman para sí el rol de luchadores, periodistas que confunden lo suyo con hacer política. Y un Presidente que ha enarbolado un discurso en el que habla de corrupción en los medios: una discusión profesional reducida a la lógica de los combates políticos.

A Karen Silva se llevaron su cámara de fotos. Ella estaba cubriendo una manifestación en Guayaquil con su cámara de vídeo, mientras una de sus amigas llevaba la fotográfica. Los policías municipales se enfrentan con manifestantes. Karen está a un lado, grabando todo, mientras que su amiga está un poco más dentro de la acción. Un gordo desagradable se mueve entre los municipales, hacia donde está la amiga. El municipal y el gordo asqueroso extienden la mano; pero es el gordo es quien se lleva la cámara que les ha estado tomando fotos en su "tira y afloja" de siempre. Karen es capaz de grabar el robo de su cámara (ha colocado el vídeo en su página del facebook y en youtube). El gordo no tiene uniforme del Minicipio, pero está protegido por los municipales y según lo que declara Karen, lanzó la cámara al interior del Municipio. Hoy la situación se centra en reconocer que ningún medio (salvo una aparición fugaz en Contacto Directo, con Carlos Vera) se ha hecho eco de la información, aunque bien yo pudiera estar equivocado, como siempre. El Municipio niega que dicha persona sea parte de sus filas, por lo que Karen la tiene complicada.



Orlando Pérez es el director de Prensa de la Comisión Legislativa. Ha sido acusado por algunos medios del país, agremiados en la AEDEP (Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos) de entorpecer la labor peridística. Una nota de Ecuadorinmediato.com, que Pérez transcribe en su página del Facebook, precisa lo siguiente: "Una inusitada campaña de noticias, pronunciamientos, reportajes, caricaturas y hasta el extremo de avisos pagados gremiales por parte de la Asociación de Editores de Periódicos de Ecuador (AEDEP), puso al jefe de prensa de la Asamblea Nacional, el periodista Orlando Pérez en la primera línea de un “linchamiento mediático” al que quieren someterlo los propietarios de los periódicos ecuatorianos, buscando victimizar al comunicador por su denuncia al informe presentado ante la SIP, hecho que se vuelve insólito en el paí , siendo este un atentado en contra de la libertad de expresión y de pensamiento del periodista ecuatoriano. La sensación de que Orlando Pérez está siendo sometido al “linchamiento mediático” de los periódicos ecuatorianos, se hizo realidad con la campaña de avisos pagados por la AEDEP, que se publicaron este domingo 22 de marzo en los 14 periódicos y revistas afiliados a la entidad gremial de los propietarios de los impresos ecuatorianos. El punto central del enfrentamiento con el periodista sería motivado por los cuestionamientos que hizo público el jefe de prensa, en nombre de la Asamblea Nacional de Ecuador, al desmentir al representante del diario “el comercio” (sic), Marco Aráuz, quien presentó una acusación de impedimento a la labor periodística en el parlamento ecuatoriano, ante la Sociedad Interamericana de Prensa, en Paraguay la semana antepasada".

¿Linchamiento mediático? Vaya expresión. Me hace acuerdo al chiste de esa atracción de circo en la que se anunciaba a la "mujer manguera" y todo el mundo va al sitio para ver a la mujer manguera y al cabo de unos minutos aparece una señora en la rueda con un charol, gritando: "¡Vendo mangos!".

Orlando Pérez, imagen tomada de librered.net

Pérez fue figura pública por algunos días de la semana pasada. Reconoció ciertos problemas en la Asamblea para las coberturas y movilidad, más que nada por la actitud policial en el sitio. Pero sobre todo, Pérez fue capaz de lanzar en su defensa una certeza de lo que ha pasado mucho en las prácticas periodísticas en sitios como en los que él ahora se desenvuelve: calificó de periodistas añejos a muchos de los que iba al anterior Congreso a beber, buscar trabajo, pagar por información o recibir dinero a cambio o lo que cualquiera se pueda imaginar como prácticas no dignas de la profesión. Desde luego, la forma en que se ha estructura la Asamblea actualmente impide que se repitan este tipo de costumbre, lo que se puede traducir en problemas de coberturas.

Pero bueno, siempre hay maneras de deccir las cosas.

Entonces saltan las preguntas: ¿El periodista como eje de polémicas? ¿Un instrumento más en el juego político? ¿El periodista como víctima? ¿El periodista llamado a ser el eje de los cambios? Podría intentar algunas respuestas; sin embargo caería en todo esto que detesto, que sucede a diestra y siniestra, y que en este momento es motivo de repudio de muchos: el periodista como deudor de la realidad. El problema es uno, y uno solo, la politización de un oficio, de una profesión. ¿Provocada por qué? Por la participación activa de un Presidente con una sagacidad impresionante, capaz de reducir a medios y a sus empleados (aka periodistas) a otro contendiente político al que hay que derrotar.

Y los medios, y algunos periodistas bien mandados, entran en el juego y responden. La profesión que yo ejerzo, en este momento, se ha vuelto un ingrediente más politico y todos quienes la ejercemos somos medianamente culpables de aquello.

Lo peor es que a nivel profesional no existe una discusión seguro o lógica de esto, más allá de aquello estrictamente político (salvo honrosas excepciones que no son más que eso, excepciones). Un amiga de Karen envía una carta a la AEDEP para que se manifiesten contra lo que le pasó; manteniendo el mismo juego político, lo que no soluciona nada. Pérez acusa en su Facebook que la persecución de los medios ha empezado y eso no puede ser más que una señal de cómo la politización se ha vuelto certeza.

Los medios acusan de manera ligera a funcionarios de un Gobierno, cuya principal figura los ataca. ¿Dónde está el periodismo en esto? El Presidente ha dado claras evidencias de lo que para él deberían ser los medios y sus empleados: decir la verdad, contarle la verdad a la gente (lo ha repetido cientos de veces en sus intervenciones de los sábados). Pero la verdad es extraña y rara vez simple. ¿El Presidente es quien debería definir lo que el periodista debe hacer? ¿Qué es la verdad para el periodismo? ¿Cómo se altera la verdad según la visión de cada uno de los involucrados? ¿Qué debe hacer el periodismo con eso? ¿Cómo puede el periodista analizar la verdad de las diferentes personas y la suya para darle forma a una nota?

El Presidente Rafael Correa, imagen tomada de hazteoir.org

Creo que es necesario en la profesión una verdadera batalla que la transforme. La ética periodística debe ligarse a una ética laica, que permita entender la certeza de varios individuos y bajo esa capacidad, poder auscultar a un Gobierno y así medir la salud de una democracia. Esa ética laica es superior a cualquier trabajo o medio; es superior a cualquier creencia personal o cualquier puesto, sea o no de poder. Es más grande que cualquier idea de victimización. Ya sea si lo hago para el Gobierno o para un medio 'corrupto'. Mucho ojo: no hablo de objetividad, porque eso es un desastre, un abosluto concepto de mierda. Hablo de comprender los hechos más allá de mi parcela mental.

A veces creo que no queda más que recurrir a la Justicia para que la práctica se vuelva algo firme y concreto. Porque considerar que una tendencia política nos va a hacer mejores humanos y más buenos es caer en los mismos errores del pasado. No se puede ser cauto y para eso un buen periodismo ayuda. Porque creer que esas ideas son superiores a cualquier acto descabellado es tonto, ridículo, absurdo. Por eso espero a que Karen me diga que ha encontrado un buen abogado para mandar a la cárcel a ese gordo seboso y a otros cómplices por la afrenta en un momento de cobertura. Por eso espero que los medios que acusan a Pérez lo hagan después de revisar bien el caso y no lanzar la palabra mayor para luego reunirse con él y reconocer que lo que pasa en la Asamblea es un problema que se le escapa a Pérez (como pasó). Pérez no debería tomarse esto como un caballo de batalla, pues esto no ayuda a nadie... peor dejar que hablen de él como víctima de un linchamiento mediático. El Presidente debería tomar valeriana y buscar enemigos a la altura de los problemas de un y no a una profesión. El periodismo tiene que mejorar, sin deberle nada a nadie. Los dueños de los medios deberían comprender que el producto que manejan es voluble y se les puede volver en su contra: las informaciones no responden a ningún deseo del que ha puesto el capital. El Gobierno debe enjuiciar a diario Expreso, a su editorialista Rómulo López Sabando y al editor de opinión por permitirse publicar un editorial con el título "Confiscación de dólares" donde López Sabando se hace eco de un rumor (al que denomina "secreto a voces") y anuncia muy fresco que "...procedentes de Irán, vía Chile, entraron al Ecuador once contenedores llenos de billetes. Como el Gobierno no tiene dólares, los “cóndores” estarían listos para que, después de las elecciones, circulen en remplazo y/o paralelo al dólar al cambio (inicial) de 1 a 1. En Latacunga y en bóvedas de ciertos bancos estarían esos billetes". Esto es criminal, en un país dolarizado donde se teme que exista una confiscación y que el dinero falte.

El panorama es duro, pero la verdad es peor. Y la verdad, aunque le duela a alguien, difícilmente tiene un bando en particular.