A veces es inevitable, ¿no? Quieres controlar la bocota, pero simplemente no puedes. Recuerdo cuando mi madre encendía el televisor y ponía TC Televisión, lo detestaba... no sólo por ser un pésimo canal (con una reducida ética en sus productos), sino por lo que representa: el medio de comunicación de uno de los grupos que literalmente ha estado inmiscuido en uno de los mayores atracos en el país: Isaías. Ellos, como dueños y propietarios de Filanbanco (banco que fue tomado por el Estado para su saneamiento debido a los malos y dudosos manejos que evidenciaban una iliquidez terrible, ya hace 10 años), están vinculados con varios canales de televisión y diversas empresas. Y es justamente en este rubro que empieza la polémica y la decisión gubernamental, que me suena a as bajo la manga y a ataque necesario en estas circunstancias políticas que vivimos.El hecho es sencillo. El Estado asume que la deuda de los ex propietarios del Banco (recuerdo el llanto y la desesperación de los ahorristas ante la quiebra de la institución y lo difícil que significaba para ellos recuperar su capital) es de 661,5 millones de dólares y para 'cobrarla' decide usar una de las leyes de la AGD (Agencia de Garantía de Depósitos, que se creó en el Gobierno de Jamil Mahuad para precautelar los ahorros de los clientes de bancos en pésimas condiciones, en otras palabras, para solapar el robo privado a costa del dinero estatal) que se ha usado muy pocas veces, para incautar bienes que se asumen como propiedad de los ex dueños de uno de los bancos, para tomarlos como parte de pago, previa investigación para definir si son o no de su propiedad. Y listo, en una acción desarrollada en la madrugada de hoy, llegaron las autoridades a las instalaciones de los canales TC Televisión y Gamavisión (2 de las 195 empresas que se presumen del grupo) y tomaron posesión de él. Nuevos administradores (todos ellos considerados temporales), nueva política editorial (cualquier cosa mejor que lo que sucedía en esas señales), queja de los empleados (pues no sé qué pensar en eso, si bien me da cierta pena de ver gente que siente su estabilidad peligrar, pienso que quien se alía, aún inocente, con criminales, tiene que aceptar la consecuencia de sus acciones), gritos de "ataque contra la libertad de expresión" (sólo un reducido mental puede decir eso en estas instancias, pues el asunto es judicial, estrictamente eso... no se trata de callar a nadie, eso es desviar la atención), extrañeza, alegría y tristeza.
Decisión sabia que debió pasar hace 9 años. Se demoró mucho. ¿Es ahora el momento justo? Si bien creo que es algo que debió pasar hace tanto, el momento me intriga. Ayer también, el Estado decidió clausurar las instalaciones de Radio Sucre debido a problemas o inconvenientes (contravenciones) con el contrato de alquiler de frecuencias (es decir funcionar en una frecuencia que no es la propia). Esto suena raro, tomando en cuenta que Radio Sucre suena a bastión de oposición del Gobierno, En esto no hay mucha explicación de por medio. Pero luego llegó lo de los Isaías y el resto se tapa, al menos por hoy, por la semana, de seguro.Se ha asegurado que se respetará al empleado (bien), que una vez terminadas las investigaciones para precisar si William y Roberto Isaías son los dueños de esas empresas. Claro hay contradicciones: que no es de la familia Isaías, o que es de uno de sus hermanos, Estéfano. Sea lo que sea, la investigación empieza, es legal y así debe ser, así debió ser hace mucho tiempo. Más allá de antipatías o no a la función del Gobierno actual, pues esta decisión hay que celebrarla. No puede ser posible que empresas pertenecientes a prófugos sigan funcionando, enviándoles dinero a Miami (donde están y desde donde el Ecuador intenta extraditarlos), como si nada pasar; olvidándose que hace casi 10 años se llevaron ahorros de miles de ecuatorianos, quienes lloraron al ver su vida acabada, quienes no han visto su dinero recuperado y hoy tienen la esperanza de que algo les llegará.
La justicia es algo que debe darse. Falta la condena. Es un cambio que me impresiona, histórico. Creo que nunca había visto y atestiguarlo me emociona. Al fin.
