Fin de la Asamblea



Este fin de semana llegó a terminarse la elaboración de los artículos de la nueva Constitución, la que debe ser aprobada por un referéndum. Ahora quedan hacer las correcciones necesarias y dejar listo el texto final para evitar malentendidos. Me siento burlado. Me parece que se ha gastado dinero de forma ridícula en un país que tiene dinero, pero quizás no para despilfarrarlo. ¿Por qué la burla? Porque mucho de lo aprobado por las mesas no fue lo discutido en el pleno, eran diferentes textos. Los últimos días, con la presencia de asesores legales de la Presidencia en la Asamblea, llegaban artículos transformados, una y otra vez (esta mañana he escuchado a la asambleísta Martha Roldós decirlo), hasta que quedaban más acorde a los deseos de algo o alguien. Las mesas parecen que fueron una pérdida de tiempo.

¿Qué otra cosa? Una sencilla y detestable. Que la Asamblea haya aprobado un decreto que asegura el triunfo del Sí. Según el texto decidido, si ganara el NO, pues volverían las anteriores instituciones y todo lo aprobado por la Asamblea en función de la transformación del Estado quedaría invalidado. Y una Asamblea aprobada y votada por una gran mayoría del país, que buscaba terminar con el desastre anterior, no puede afirmar que si no gana lo que hace, pues todo vuelve. Ahí no existe decisión, no hay alternativa. ¿Para qué votar en el referéndum? La democracia puede ser el vehículo del absurdo.



Entonces alguien me ha preguntado en estos días: ¿votas por el sí o por el no? Es temprano, incluso ahora, decir que voto por alguna de las opciones. Según lo que escucho (no he leído todo el texto, de más de 400 artículos) a nivel de derechos y de sus garantías está excelente… pero un día llegué a decir que lo referente a la comunicación era para mí importante, quizás lo que iba a decidir mi voto. Los artículos en este rubro fueron de que el Estado estipularía la política de comunicación para los medios públicos y que esta sería referencial para los medios privados a que el Estado regularía las políticas de comunicación; así, a secas.

Espero que esto sea una arbitrariedad de los medios y no se haya cambiado de esa forma las leyes de comunicación. Eso determinaría mucho mi voto. ¿Los medios son culpables de todo? No, para nada. Ese discurso presidencial no es más que una confrontación política que se ha querido convertir en paradigma de una práctica profesional.



Mi amiga Fernanda está trabajando en la Asamblea. Estaba feliz el viernes porque estaban finalizando todo. Que no había dormido por eso. Que era un gran trabajo. ¿Han cambiado las leyes de las mesas al pleno? No, eso es mentira de los medios, me dijo. ¿Ha estado el asesor legal de la Presidencia cambiando la normativa? No, que el Ejecutivo ha querido entrometerse, pero no lo han dejado. ¿Le creo? No, lastimosamente no. Eso que ella llama campaña mediática en contra es para mí un temor reflejado en los medios. ¿Deben decir la verdad los periodistas? Primero que me definan la verdad. Si es un objeto inmutable e incontrastable en su totalidad, pues llegamos a un acuerdo. Pero como es todo menos eso, me agobia escuchar frases sobre la profesión de parte de muchas personas que asumen la práctica como un acto que debe ser de una sola forma y que si no es como quiero, pues es inmoral.

Inmoral, estoy seguro, es el chantaje. Y eso es lo que pasó el fin de semana.