
Ayer fue día de descubrir culpables. De saber quiénes son esos seres despreciables que con sus acciones y pasiones consiguieron que 18 seres humanos murieran quemados o por consecuencias de esas quemaduras en una discoteca en Quito hace una semana. Ayer fue día de ver televisión por la mañana.

Jorge Ortiz y su séquito de investigación, en un programa llamado “Día Siete”, hace referencia al incendio en un panel de expertos que buscaba definir si el rock es violento o no (como si el rock fuese fácilmente identificable y no se tomara en cuenta todas las vertientes que de él existen). ¡Maldita sea, Jorge Ortiz! No entiendo porqué te dejan seguir teniendo un espacio en la televisión. Cuando un antropólogo, en este caso Mauro Cerbino, habló sobre el absurdo de discutir este hecho desde lo cultural o si precisar si se es fanático o no del rock, pues Jorge Ortiz saltó, se defendió con el argumento de que lo hacía por interés periodístico, en vista de las discusiones alrededor de un hecho que a leguas es un acto de irresponsabilidad de la institución administradora de la ciudad. Lastimosamente para algunos se ha convertido en una consecuencia del estilo de vida que llevaban los asistentes al concierto. Sí, Dios es grande y nos devuelve los errores como escupitajos al rostro. “¿Por qué se meten al satanismo y a esa clase música? Pues ahí tienen las consecuencias. Bien hechos.
El interés periodístico existe para hacernos entender que a pesar de los cambios tecnológicos, el ser humano del siglo XXI no está muy lejos del hombre del medioevo.
¿Cómo se puede patrocinar un programa que discute aquello que no es lo trascendental, o peor aún, que es una tontería? No entiendo. Una hora de discusión para quedar en nada, en un sacerdote que hablaba en orden a sus experiencias en su parroquia y a sus feligreses rescatados de las garras del rock, en un rockero que acusó a la Iglesia de mentir con la historia y jugar con las creencias de la gente, en un conductor que no pudo encausar el programa en ningún momento. Y sí, el prejuicio está instalado, pero hacerlo televisivo en un programa que por lógica juega con los blancos y negros, con generar buenos y malos, es irresponsable. ¿Qué se obtuvo de eso? Las mismas o peores distancias entre ignorantes e ignorados. ¿El rock es el culpable de lo que ocurrió en la discoteca Factory? ¿Todo es culpa de un género que utiliza una estética que habla de la muerte? ¿Es de ellos la culpa? Si existe alguien que piense de manera positiva a todo lo preguntado, pues merece ser llamado estúpido.

El mal pasa por otro lado. Y Carlos Vera lo entendió mejor y en eso se enfocó su programa de ayer. La tragedia es una tragedia de culpables y responsables. Y todos ellos deben ser identificados y castigados. Desde los que lanzaron las bengalas al interior, pasando por los organizadores del espectáculo (por cerrar con candados las puertas de emergencia), administrador (murió tres días después del incendio por las quemaduras que recibió), dueños del local (por hacerle cambios a la edificación sin haberlos notificado), Intendencia (por no tener control sobre los espectáculos que se realizan en la ciudad), Cuerpo de Bomberos (por negligencia al no realizar mejores controles en las diversas instalaciones) y claro, el Alcalde (por ser el representante legal del Municipio e incapacidad de manejo de los departamentos bajo su responsabilidad). Esto último para mí es lo más importante, sobre todo cuando uno de los concejales de la entidad municipal acusa de envío de una carta al Alcalde en enero del 2005, días después de lo sucedido en Cromañón, en Buenos Aires. En ella le pedía que estableciera un control de los sitios de diversión en vista a la tragedia. Algo que, ya sabemos, nunca se hizo.
Peor resulta reconocer que el concierto se produce debido al impedimento que la administración ha impuesto a espectáculos de jóvenes amantes del rock (heavy o como mierda se le quiera decir) en lugares abiertos. Por esa razón no se pidió permiso, por ese motivo se lo hizo todo a oscuras y en medio de llamas. Si me preguntan, y aunque me tachen de querer hacer política, el único culpable es el señor Paco Moncayo por permitir que todo se dirigiera a esta instancia.

Y no lo digo yo, él mismo lo hizo al renunciar apenas supo de lo sucedido. Pero no lo aceptaron los otros miembros del directorio municipal y la situación se mantiene. A confesión de parte, relevo de culpa.

Jorge Ortiz y su séquito de investigación, en un programa llamado “Día Siete”, hace referencia al incendio en un panel de expertos que buscaba definir si el rock es violento o no (como si el rock fuese fácilmente identificable y no se tomara en cuenta todas las vertientes que de él existen). ¡Maldita sea, Jorge Ortiz! No entiendo porqué te dejan seguir teniendo un espacio en la televisión. Cuando un antropólogo, en este caso Mauro Cerbino, habló sobre el absurdo de discutir este hecho desde lo cultural o si precisar si se es fanático o no del rock, pues Jorge Ortiz saltó, se defendió con el argumento de que lo hacía por interés periodístico, en vista de las discusiones alrededor de un hecho que a leguas es un acto de irresponsabilidad de la institución administradora de la ciudad. Lastimosamente para algunos se ha convertido en una consecuencia del estilo de vida que llevaban los asistentes al concierto. Sí, Dios es grande y nos devuelve los errores como escupitajos al rostro. “¿Por qué se meten al satanismo y a esa clase música? Pues ahí tienen las consecuencias. Bien hechos.
El interés periodístico existe para hacernos entender que a pesar de los cambios tecnológicos, el ser humano del siglo XXI no está muy lejos del hombre del medioevo.
¿Cómo se puede patrocinar un programa que discute aquello que no es lo trascendental, o peor aún, que es una tontería? No entiendo. Una hora de discusión para quedar en nada, en un sacerdote que hablaba en orden a sus experiencias en su parroquia y a sus feligreses rescatados de las garras del rock, en un rockero que acusó a la Iglesia de mentir con la historia y jugar con las creencias de la gente, en un conductor que no pudo encausar el programa en ningún momento. Y sí, el prejuicio está instalado, pero hacerlo televisivo en un programa que por lógica juega con los blancos y negros, con generar buenos y malos, es irresponsable. ¿Qué se obtuvo de eso? Las mismas o peores distancias entre ignorantes e ignorados. ¿El rock es el culpable de lo que ocurrió en la discoteca Factory? ¿Todo es culpa de un género que utiliza una estética que habla de la muerte? ¿Es de ellos la culpa? Si existe alguien que piense de manera positiva a todo lo preguntado, pues merece ser llamado estúpido.

El mal pasa por otro lado. Y Carlos Vera lo entendió mejor y en eso se enfocó su programa de ayer. La tragedia es una tragedia de culpables y responsables. Y todos ellos deben ser identificados y castigados. Desde los que lanzaron las bengalas al interior, pasando por los organizadores del espectáculo (por cerrar con candados las puertas de emergencia), administrador (murió tres días después del incendio por las quemaduras que recibió), dueños del local (por hacerle cambios a la edificación sin haberlos notificado), Intendencia (por no tener control sobre los espectáculos que se realizan en la ciudad), Cuerpo de Bomberos (por negligencia al no realizar mejores controles en las diversas instalaciones) y claro, el Alcalde (por ser el representante legal del Municipio e incapacidad de manejo de los departamentos bajo su responsabilidad). Esto último para mí es lo más importante, sobre todo cuando uno de los concejales de la entidad municipal acusa de envío de una carta al Alcalde en enero del 2005, días después de lo sucedido en Cromañón, en Buenos Aires. En ella le pedía que estableciera un control de los sitios de diversión en vista a la tragedia. Algo que, ya sabemos, nunca se hizo.
Peor resulta reconocer que el concierto se produce debido al impedimento que la administración ha impuesto a espectáculos de jóvenes amantes del rock (heavy o como mierda se le quiera decir) en lugares abiertos. Por esa razón no se pidió permiso, por ese motivo se lo hizo todo a oscuras y en medio de llamas. Si me preguntan, y aunque me tachen de querer hacer política, el único culpable es el señor Paco Moncayo por permitir que todo se dirigiera a esta instancia.

Y no lo digo yo, él mismo lo hizo al renunciar apenas supo de lo sucedido. Pero no lo aceptaron los otros miembros del directorio municipal y la situación se mantiene. A confesión de parte, relevo de culpa.
