
Cabeza fría, cabeza fría, cabeza fría. El Ejército colombiano incursionó la madrugada del sábado en territorio ecuatoriano y en un enfrentamiento acabó con la vida del segundo a mando de las FARC, Raúl Reyes. Obvio, inmediatamente se dio un comunicado en el cual, además de reconocer la incursión y la muerte del “terrorista/beligerante” o como le quieran decir, se dio la razón por la cual se consiguió desviar la atención: el Gobierno del Ecuador está en contactos con las FARC y tienen documentos tomados de las computadoras de Reyes en los que habla de esa relación, en especial con el Ministro de Seguridad Interna y Externa, Gustavo Larrea.
Y sí, es sencillo encontrar excusas.
Ojo, no vaya alguien a leer esto como reclamo a una acción que podía pasar y que iba a darse cuando no se usa la cabeza: quien a hierro mata, a hierro muere. De eso no se trata este texto.
Entonces, al parecer, es hora de la guerra, ¿no? Que Ecuador no hace nada por evitar que las FARC lleguen a su territorio, ¿puede Colombia controlar su crisis interna? Que Ecuador está en negociaciones con las FARC, ¿no pueden las autoridades colombianas estar en contacto con las fuerzas irregulares y llegar a un canje político? Por lo que pasó el sábado es obvio que no se busca la solución pacífica. Que Ecuador apoya a las FARC, ¿y o es Ecuador el país que ha tenido que soportar el desplazamiento de miles de colombianos abandonados por sus autoridades en una inseguridad extrema? Es todo un juego de razones.
Pues me parece que lo realizado por el Gobierno de Correa (llamar al Embajador en Colombia y expulsar al colombiano del país) es quizás una primera maniobra fuerte que valía la pena hacer. Ahora vale la pena la demanda internacional, o de seguro algún tipo de maniobra que para muchos va a significar la dificultad del paso entre naciones. El problema es esa denuncia de contacto con ese grupo, algo que es sencillo de probar o desmentir con el archivo: fecha y máquina donde se la hizo. Pero de algo estoy convencido, Colombia no dará ese documento y se mantendrá como se ha mantenido tanto tiempo en el hecho de ese contacto, sin probarlo.
La guerra tiene que ser nuestra, esa es la lectura. Incluirnos para acabar con una plaga que no es nuestra. El golpe militar es tan grande para ellos que no importa violentar el territorio extranjero (en incluso poner en peligro a personas que no tienen nada que ver con el problema). E inmiscuidos pues no vale más que tomar acciones y exigir respuestas. Y el conocimiento no nos hará libres, sino permitirá el distanciamiento y la expulsión del paraíso. ¿Se le puede creer a un Gobierno cuya cabeza ha demostrado su no interés en resolver el conflicto de manera pacífica? ¿Se puede creer a un Presidente cuyas relaciones con el cartel de Medellín son más que evidentes? Yo no puedo. Y más allá de defender al Gobierno de mi país, es el hecho de entender cómo la política exterior es un juego de criminales. El peso de las consecuencias y la incapacidad de hacer lo necesario. ¿No era más sencillo avisarle al Ejército ecuatoriano sobre la incursión? No, porque no iban a matar a Reyes, sino echarlo. En cambio Colombia atacó por el aire y por tierra, violentando todo tipo de norma que supongo ellos debieron firmar. Imagino que estar con la venia de Estados Unidos te da la potestad de violentar todo, ¿no? La carnicería, cuando la solución podría estar en el diálogo y conseguir el desarme, la liberación de secuestrados (¡cuántos morirán represalia!) y el fin de medio siglo de mierda en un país destrozado. No, no basta eso, hay que destrozar otro. Y por eso la culpa y la acusación. Debemos estar adentro de ese conflicto y ser parte de la destrucción.
La solución es política. La estupidez es militar. Y lo que podría pasar a nivel ecuatoriano, como mínimo, podrían ser acciones que rayen en lo xenófobo y lo lamento mucho. La estupidez militar se puede traducir en estupidez de vida. ¿Qué pasa cuando un estúpido rige un país? Pues matan la única esperanza de liberar a secuestrados y deja a familias destruidas con el dolor de saber que tuvieron el abrazo en la punta de los dedos, pero ya se fue…

Y sí, es sencillo encontrar excusas.
Ojo, no vaya alguien a leer esto como reclamo a una acción que podía pasar y que iba a darse cuando no se usa la cabeza: quien a hierro mata, a hierro muere. De eso no se trata este texto.
Entonces, al parecer, es hora de la guerra, ¿no? Que Ecuador no hace nada por evitar que las FARC lleguen a su territorio, ¿puede Colombia controlar su crisis interna? Que Ecuador está en negociaciones con las FARC, ¿no pueden las autoridades colombianas estar en contacto con las fuerzas irregulares y llegar a un canje político? Por lo que pasó el sábado es obvio que no se busca la solución pacífica. Que Ecuador apoya a las FARC, ¿y o es Ecuador el país que ha tenido que soportar el desplazamiento de miles de colombianos abandonados por sus autoridades en una inseguridad extrema? Es todo un juego de razones.
Pues me parece que lo realizado por el Gobierno de Correa (llamar al Embajador en Colombia y expulsar al colombiano del país) es quizás una primera maniobra fuerte que valía la pena hacer. Ahora vale la pena la demanda internacional, o de seguro algún tipo de maniobra que para muchos va a significar la dificultad del paso entre naciones. El problema es esa denuncia de contacto con ese grupo, algo que es sencillo de probar o desmentir con el archivo: fecha y máquina donde se la hizo. Pero de algo estoy convencido, Colombia no dará ese documento y se mantendrá como se ha mantenido tanto tiempo en el hecho de ese contacto, sin probarlo.
La guerra tiene que ser nuestra, esa es la lectura. Incluirnos para acabar con una plaga que no es nuestra. El golpe militar es tan grande para ellos que no importa violentar el territorio extranjero (en incluso poner en peligro a personas que no tienen nada que ver con el problema). E inmiscuidos pues no vale más que tomar acciones y exigir respuestas. Y el conocimiento no nos hará libres, sino permitirá el distanciamiento y la expulsión del paraíso. ¿Se le puede creer a un Gobierno cuya cabeza ha demostrado su no interés en resolver el conflicto de manera pacífica? ¿Se puede creer a un Presidente cuyas relaciones con el cartel de Medellín son más que evidentes? Yo no puedo. Y más allá de defender al Gobierno de mi país, es el hecho de entender cómo la política exterior es un juego de criminales. El peso de las consecuencias y la incapacidad de hacer lo necesario. ¿No era más sencillo avisarle al Ejército ecuatoriano sobre la incursión? No, porque no iban a matar a Reyes, sino echarlo. En cambio Colombia atacó por el aire y por tierra, violentando todo tipo de norma que supongo ellos debieron firmar. Imagino que estar con la venia de Estados Unidos te da la potestad de violentar todo, ¿no? La carnicería, cuando la solución podría estar en el diálogo y conseguir el desarme, la liberación de secuestrados (¡cuántos morirán represalia!) y el fin de medio siglo de mierda en un país destrozado. No, no basta eso, hay que destrozar otro. Y por eso la culpa y la acusación. Debemos estar adentro de ese conflicto y ser parte de la destrucción.
La solución es política. La estupidez es militar. Y lo que podría pasar a nivel ecuatoriano, como mínimo, podrían ser acciones que rayen en lo xenófobo y lo lamento mucho. La estupidez militar se puede traducir en estupidez de vida. ¿Qué pasa cuando un estúpido rige un país? Pues matan la única esperanza de liberar a secuestrados y deja a familias destruidas con el dolor de saber que tuvieron el abrazo en la punta de los dedos, pero ya se fue…

