Novelas ecuatorianas: lo corpóreo como última frontera


En ‘Body Time’ aquello que en realidad importa, lo que está presente es lo que el lenguaje va creando, transformando una realidad que se traduce en lo corpóreo. En el cuerpo se manifiesta todo, no solo como un acto de somatización, sino como una certeza de que ahí está el peligro, la tragedia y lo nefasto.

En la novela de Gabriela Alemán hay un crimen, un aparente crimen que deberá ser revelado por la periodista Rosa Travis. Así, la búsqueda por el conocimiento es el paseo por el cuerpo y los contactos. “-El conocimiento carnal – dijo Flores, mientras chupaba y luego mascaba las minúsculas tenazas del cangrejo y la miraba a los ojos – es el infernal conocimiento del cuerpo como carne”. No hay otra vuelta en ‘Body time’, la tragedia de la vida carnal, que se acabará en algún momento y cada cual deberá expiar, descubrir, ocultar, defender y hasta celebrar macabramente (siendo exagerado). La búsqueda de esa verdad es encontrar las certezas y secretos de personajes que se entrecruzan y que van gestando una novela de varias voces, todas tratando de vivir a su manera.

Tratar de vivir, a pesar del cuerpo. En una idea coral según la cual pasan muchas cosas, en cada uno de los personajes la vida se ha manifestado a su manera, desde el desencanto (el propio cadáver del inicio nos ofrece una pista), el desenfreno (de alguna manera con el personaje de Mariana), el tormento de la memoria (el capitán y sus traiciones pasadas), etc… todos hasta llegar a una relación, a tocarse, a hacer una intersección de sus vidas.

Esta obra de Gabriela Alemán fue publicada por editorial Planeta en el 2003 y ha tenido su participación en la polémica sobre la territorialidad de la literatura ecuatoriana (tanto por unas declaraciones de Leonardo Valencia así como la réplica que es su momento hiciera Fernando Balseca). ¿Por qué? ‘Body Time’ está ambientada en Nueva Orleáns, donde la autora residió por varios años. Una Nueva Orleáns donde vueltas tras vueltas vas a encontrar un bar, cementerios y pérdidas, sin duda. Una ciudad para cruzar vidas, una ciudad de múltiples voces.

la autora de la novela (imagen tomada de ecuentroliteratura.org)

En los coros se encuentra el sentido propio de la pertenencia en el lenguaje, que se va reflejando en el lugar, en el sitio. El mismo lenguaje que recrea al Dublín de Joyce es el que sirve para hacer de varios personajes elementos fundamentales de una ciudad que ofrece, que se ofrece como estado de sitio y estado de las cosas. Todo está ahí, en lo oculto y lo evidente. En esa Nueva Orléans no hay distancia entre los negocios raros y la normalidad, no hay dos caras de la moneda, sino una sola y triste realidad signada por las palabras y lo que estas revelan.

Esa Nueva Orléans debe ser maravillosa.

En sí es una obra que se disfruta, sobre todo porque las historias empiezan a cruzarse (algunas mejor que otras) a medida que avanza la lectura, y eso va creando un ritmo que resuena al jazz que debió escucharse por allá. No sólo el jazz sino el blues también (las referencias musicales son extensas). Así, cambiar de un tiempo a otro, de un personaje a otro, como el impacto de beat sobre beat, te da una idea de cómo el lugar, el sitio, la confluencia se convierte en el principal elemento narrativo de la novela. El espacio como explicación, como ese conocimiento.
Al final la búsqueda se cierra y la pregunta es ¿dónde está el crimen? 'Body time' es una novela que se la lee con rapidez y también con fascinación, a pesar de unos cuántos errores que bien podrían haberse evitado (en la redacción de algunas expresiones, por ejemplo) y que saltan, pero que no le restan intensidad a la obra.

Alemán es una de las dos representantes del país para el encuentro Bogotá 39, que se desarollará en la Capital colombiana entre el 23 y el 26 de agosto (junto a Leonardo Valencia). Entre sus libros están 'Maldito corazón', 'Zoom' y 'Fuga Permanente', en cuentos. Además de 'Body Time', acaba de sacar la novela 'Cooperativa Pozo Wells'.