Siempre me ha llamado la atención el exceso de formalidad que encuentro en nuestra literatura. Es innegable que nos hemos dedicado a tratar temas que exigían un manera o tratamiento en el que la seriedad era la única estrategia para la denuncia y expresión(¿en realidad es así?). Talvez esta sea un percepción muy ligera de mi parte y no me molesta que sea así, pero es un criterio que he compartido con algunos conocidos.
El humor puede ser una de las herramientas que bien colocada en un discurso, puede cambiar el curso de muchas cosas. Bien lo dice Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray: "Si el hombre de las cavernas hubiera sabido reír, la historia sería otra". Pero hablar de humor en una obra no es definir un valor como tal, sino una opción que valida de alguna manera el trabajo de un autor en particular, el "peor es nada", lo único válido y trascendente... ¿Está ahí el germen de la ruptura, del siguiente paso? Lo que hay sí hay con el humor es un deseo exagerado de ruptura, aunque no muchas veces se lo consigue.
Pablo Palacio es un ejemplo de aquello, pues en una época en la que lo único que se literaturizaba en el país y valía la pena era la condición ideológica con seriedad, era su humor lo que resaltaba y evidenciaba esa originalidad. María del Carmen Fernández lo escribe en "El realismo abierto de Pablo Palacio" (el capítulo dedicado al humorismo del escritor fue publicado en la última edición de El Buho) donde afirma que "uno de los rasgos más característicos de la obra de Pablo Palacio, señalado por cuantos críticos se han referido a ella, consiste en su dimensión humorística. Los escritores contemporáneos al narrador lojado y participantes, como él, de las ideas estéticas de avanzada, reconocieron en sus dos primeras ficciones un humor cáustico orientado a protestar contra el medio y a ridiculizar los valores dominantes en el Ecuador de su tiempo". La referencia de Fernández es hacia Gonzalo Escudero y Raúl Andrade.
¿Qué pasa con el humor cuando se lo usa? Se corre el riesgo de jugar al acto de la desacralización y la ofensa, de eso hay claras evidencias en la actividad literaria de poetas y narradores en la actualidad, sean jóvenes o viejos (este asunto de las generaciones contradice un interés personal que encuentro en las obras de algunos autores, por eso es mejor verlo de uno a uno). Y si bien ese aspecto de desacralizar las formas de la literatura puede ser considerado una terrible afrenta, es cierto que eso habla de una necesidad de nuevas formas, aunque sea una necesidad no tan nueva. Siempre se busca un cómo decir y actualmente ese 'cómo' lo veo circunscrito al 'qué'.
Así, en recientes volúmenes de poesía de jóvenes autores del país (y no tan jóvenes, insisto) encuentro la necesidad de jugar con el humor como si fuese uno de los requerimientos más desesperados. Sí, es a través de ese humor se consigue demostrar algo que define muy bien Luigi Pirandello: "el humorismo descompone inevitablemente, desordena, desacuerda, mientras que, corrientemente, el arte en general, tal como lo enseñaba la escuela, la retórica, era sobre todo composición exterior, acuerdo lógicamente ordenando" (de 'El humorismo y la retórica). Y ahí está el carácter que veo ha determinado la lucha y/o pelea de bandos por estos días en el mundo de los blogs: la falta de humor y el exceso de humor a todo nivel.
Esa es la razón para que en esta primera parte me refiera a la poesía y el humor. Así aparecen poetas que con la figura de Nicanor Parra (y Bukowski, sin duda) como bandera, escriben una obra prácticamente libre de imágenes, con un lenguaje más coloquial, y más interesada en las sensaciones, en ese desordenar que alude Pirandello.
Es fácil identificar ejemplos como los de Miguel Antonio Chávez, de Buseta de Papel, quien escribe con sarcasmo un qué que hace referencia a una dinámica en la que él mismo ha participado:
Los cánones no los rompe
un grupejo literario de eyaculadores precoces
que amarrana concursos
y se premian entre amigos
y luego se pelean
y se vuelven a premiar
(ver cantinflas en el filme su excelencia)
O Edison Lasso, de El Oro, parte del proyecto Fe de erratas, quien habla de sus detractores como un verdadero soldado desde la trinchera:
Yo puedo destruir los teléfonos
de quienes me critican,
regocijarme en sus caries
on mis excesos
y mis redundancias
y en lugar de devolverles sus tomates
arrojarles uno de mis ojos
El propio Jorge Martillo lo experimenta al hablar de sí mismo, desde una decadencia que convierte a la voz en una verdadera burla, para generar nostalgia de algún tiempo que por pasado fue mejor:
Viví en moteles
Amarrado a sábanas y sudores
Escribiendo en esas paredes
"Aquí desnudos fuimos felices"
Franklin Ordóñez (Loja) se va hacia la periferia, a los versos donde la homosexualidad es el eje. Pero es indudable que hay una búsqueda por generar desconcierto y lo primero que se puede encontrar en su trabajo es el tono de quemeimportismo que provoca un humor descarado:
KEANU REEVES
Sabes a mares del sur
ceniza de marihuana.
Llego a tus nalgas.
Qué importan los versos,
la música, Manhattan.
Qué importan las torres desplomadas,
el sur comiendo cieno,
el vacío de los desterrados.
Qué importa el mundo
spy un pez de tu mar en llamas.
Jorge Osinaga, también de Buseta de Papel, desacraliza y lo hace por lo que se puede considerar 'ganas de joder', una buena razón para el humor:
LA PERDICIÓN DE TROYA
Hay que decir las cosas como son
La perdición de Troya no la trajo un caballo,
vino en forma de yegua:
Helena en cuatro.
Alex Tupiza (Quito, 1975 y miembro de Fe de Erratas) comparte la iniciativa de Osinaga y llega al tema de la religión como una recurrencia:
DIOS SUS AMORES
Sabe del mundo que fue
el que es
el que será
Omnipotente
omnisciente
Omnipresente
pero frente a los muslos de María
no fue más que una triste palomita
Estos son unos cuántos ejemplos de cómo el humor puede ser parte sin necesidad de desmerecer por sí mismo una obra. Aunque al mismo tiempo, repito el humor no puede ser visto como condición o instrumento único y excluyente para hablar de calidad. Hace algunas semanas conversaba con alguien sobre el tema y hablaba de la necesidad de lo lírico y lo poético para la poesía. El 'cómo' como fondo y forma... Bueno, es una verdad a medias (no me lo dijo así, lo que hago es un resumen de aquella conversación) porque la poesía puede ser muchas veces eso que intenta romper con lo lírico y encontrar otras maneras de generar algo en el lector. Y ambas concepciones no se excluyen, sino que generan un complemento...
que incluso puede llegar a la crítica...
"¿Cuál es la diferencia entre el plenario del Congreso y el último congreso de escritores?
Fernando Itúrburu
